martes, 10 de abril de 2012

El éxito de un hombre con apego al fracaso


  •  Hoy hace lo quiere. Es capaz de compensar su vida laboral y familiar, dedicando más de 10 horas de su día al periodismo.

Como un tipo disléxico, disgráfico, hijo del ritalín, zurdo, miope y con déficit atencional se definió Matías del Río, conductor del noticiero Última Mirada de Chilevisión y panelista del programa Tolerancia Cero. El periodista dictó la clase inaugural para alumnos de periodismo de la Universidad Católica de la Santísima Concepción.

   Con naturalidad aceptaba sus limitaciones y esa timidez con la que pareció entrar al auditorio Santa Teresa Jesús de Ávila, quedaba atrás. Todos lo observaban con atención, porque en poco tiempo logró acaparar las miradas de sus auditores al relatar sus aciertos e infortunios.

   Las carcajadas aparecieron de forma inmediata cuando se autodefinió “un niño cacho”, que durante la enseñanza media obtuvo un promedio 5,1 y cuando terminó el colegio su mamá dijo “yo ya cumplí con este niño”. “Entré a una universidad privada porque mis papás tenían los medios para pagarla. Cuando uno ya es grandecito y se da cuenta que se farreó todos los años, pesa mucho”, aseveró.

   Fue así que decidió emprender, aceptó sus falencias y salió adelante. “Algunos tendrán un procesador Pentium 4 y otros un I7. Yo cuento con un 286 y no hay problema con eso ¿saben cuál es el asunto?, que yo siendo un 286 compito mano a mano con un I7. El mundo está lleno de genios con sus capacidades intactas, pero si no tienen esa pasión, esas ganas, si no tienen la actitud básicamente, de poco te sirve tener un procesador I7 si vas a echarle siempre la culpa al empedrado”, expresó.

   Cuando sus amigos vacacionaban, él trabajó gratis por cuatro veranos consecutivos tanto en radios como en medios de prensa escrita y de tanto entusiasmo que tenía, en cuarto año postuló al diario El Mercurio para hacer su práctica profesional. Lo eligieron y además pudo optar por una sección, sin duda ese logro fue uno de los incentivos más grandes que tuvo.
Cuando terminó el quinto año de periodismo, ya tenía la experiencia, el oficio y conocía periodistas más viejos que él. No obstante, hizo un segunda práctica profesional en el diario La Segunda, porque comprendió que al adelantar su práctica profesional se había farreado la oportunidad de quedar trabajando en un medio de prensa.


“Una vez había un incendio grande en Valparaíso y dije, yo voy. Estuve toda la noche reporteando. Ese hecho fue clave para mí porque mi editor en La Segunda, claramente no estaba frente al mejor, pero si estaba frente al tipo que levantaba la mano primero, lo que es mucho más útil. Los tipos de la católica decían “¡Ey! Momento, a mi no me den cualquier incendio, denme de un trasplante de corazón para adelante”. Hay que hacerla todas, porque el que es capaz de hacer las simples, también hace las más complicadas”. Dijo el periodista.

   Cuando terminó su segunda práctica, lo dejaron trabajando en el diario. Es por esta razón que no titubeó al decir que es un tipo exitoso y su clave está en hacer lo que quiere, en la medida justa. Dedica más de 10 horas de su día al periodismo, el resto de tiempo lo reparte entre sus cinco hijos y esposa.

   El éxito del cual goza actualmente es producto de años de esfuerzo, pasión y dedicación al periodismo. Su madre, a quien agradeció en la conferencia, fue quien le dio la seguridad con la que expone sus ideas y el autoestima que posee “mi autoestima es la que me permite decir lo penca y lo bueno que soy”, enfatizó.

   Por cerca de una hora relató su vida, con los fracasos y éxitos a cuestas. Cuando culminó la charla, emprender o renovarse, los estudiantes que esa tarde se apostaron, incluso, en las escaleras del auditorio sólo para oírlo, lo aplaudieron y ovacionaron.

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